Justicia para el Reino Fungi

Por Nicolás Arze y Camila Marambio

“El Reino Fungi estuvo siempre a disposición de la capacidad humana para aprender que hay estructuras invisibles que sustentan la vida como la vemos. Los primeros artistas así lo comprueban al incluir en sus cantos, en sus pinturas y en sus performances honorables menciones a los hongos”

 

 

 “Es inútil pretender conocer a cabalidad al reino fungi, este escapa nuestra erudición. Mientras más sabes de hongos, más difícil es identificarlos”

John Cage

La idea que existe un reino inconocible pero existente es lo que nos mueve a hacerle justicia. La justicia de Justicia al Reino es un acto de veneración, no un acto de rebeldía.

En el comienzo, el arte vino al mundo en mano de los chamanes. Ellos fueron quienes entonaron, dibujaron y danzaron en honor a los reinos invisibles que sustentan a los visibles. Ellos encarnan la conexión entre lo oscuro y lo claro. Con el advenimiento de la Ilustración, la humanidad, enceguecida con tanta luz, le dio primacía a la vista y con ella a la razón. La habilidad de  percibir lo trascendental se debilitó y cayó en manos de estrategias religiosas perversas.  Estas polarizaron lo invisible y lo visible, proponiendo lo primero como esencial y puro, lo segundo como corrupto. Según las ciencias, solo el 5% del universo es visible. Lo que esconde el universo de lo visible es lo invisible, incluyendo la gravedad, la luz, el sonido, las emociones, el dolor, los microbios, las esporas, las gotas de Buller, entre otros. Hoy es en manos de las ciencias que reconocemos estos fenómenos. Los chamanes, proto-artistas, también eran proto-ciéntificos y como tal sus cantos e ilustraciones representaban el reino de lo invisible. ¿Será por esto que los científicos, que en sus laboratorios o en su trabajo de campo aún se dedican la revelar lo invisible, son considerados los curanderos del presente? Las artes, encadenándose a la superficie visible, han dejado de timonear nuestro curso presente. Justicia al Reino propone que al enterrar la cabeza en la opaca humedad del suelo, al olorosar la putrefacción de lo que se descompone y vuele tierra, podremos remediar lo roto.

El reino fungi estuvo siempre a disposición de la capacidad humana para aprender que hay estructuras invisibles que sustentan la vida como la vemos. Los primeros artistas así lo comprueban al incluir en sus cantos, en sus pinturas y en sus performances honorables menciones a los hongos. Algunos incluso entran en cofradía con ciertos champiñones que los ayudan a alucinarse con el inframundo y los guían en como sentir las redes que todo lo unen pero que no se ven. Hoy, nosotros clamamos Justicia al Reino que nos facilita regocijarnos en lo invisible.

Antes que nosotros, maestros como John Cage entendieron el valor extraordinario de embarcarse en el proyecto inalcanzable de conocer lo que no se ve. Entregándose totalmente a la tarea de la micología – ciencia dedicada al estudio de los hongos- Cage no dudó en reanimar la sociedad micológica de Nueva York para embarcar a otros en esta valiosamente inútil tarea. Siguiendo en sus pasos, el artista Nicolás Arze, se inscribe el año 2013 como miembro de la sociedad micológica de Nueva York, ciudad en la que vive, para perderse junto al grupo de aficionados en los bosques y parques del estado cada fin de semana que puede. Su loca adulación por el reino fungi no tarda en llevarlo a conocer a Guiliana Furci, una chilena excepcional, autora de la única guía de campo contemporánea sobre hongos de nuestro país. Guiliana es además directora de Fundación Fungi, dedicada exclusivamente al estudio, conservación y difusión de los organismos del reino fungi, pero eso no es todo. Bajo el amparo de la fundación ella logra algo sorprendente; cambiar la legislación chilena para que ésta incluya a los hongos como un reino a ser protegido bajo el ley 19.300 sobre bases generales del medio ambiente.

Compartiendo nuestra afición por el reino en algunas salidas de campo, Nicolás y yo, a quién nos une la obsesión de perseguir lo deseado, hablamos sobre Guiliana y cómo ella parecía ser de nuestra tribu. ¡Quizás hasta la reina de ésta! Sin más nos reunimos con ella la siguiente vez que nos encontramos todos en Santiago, en enero del 2015, y juramos seguirnos asociando apasionadamente para indagar en, ¿cómo los hongos transforman la dicotomía entre vida y muerte en un gracioso oxímoron cultural a ser superado?

Enseguida, enumeramos los pasos que seguimos a modo de manifesto a ser activados por tí, el o la lectora:

1. La única manera de abrazar el misterio fungi completo es salir al campo, sea este bosque silvestre, parque urbano o territorio pavimentado en donde aún se encuentren sustratos colonizables por hongos. Las salidas de campo son urgentes. La búsqueda de hongos es imperativa.

2. La salida de campo no siempre te lleva al encuentro de los hongos. Debes entregarte a la frustración del desacierto.

3. No te rindas frente al desencuentro. Los hongos no son sólo champiñones o setas, de hechos estas son macroestructuras del hongo, quién habita debajo del sustrato (tierra, madera, uña, plástico, hasta dentro de nosotros).Insiste en las salidas de campo y comienza a reconocer que en la cerveza, el pan, el queso, el vino, la sala soya, la caspa, la penicilina, entre otros, ¡también hay hongos!

4. El estudio de los hongos es un oficio. Se trabaja como se trabajan los antiguos oficios. Ensuciándose las manos. El oficio del estudio de los hongos no es conceptual. Es práctico. Hay que sumergirse en el conocimiento científico y luego aplicarlo.

5. Consigue una guía de campo. En la página web de la Fundación Fungi hay varias que puedes descargar de forma gratuita.  PERO, como todo oficio, este se aprende más efectivamente a través de la oralidad. Busca alguien que conozca el oficio y síguele. Una caminata en busca de hongos con alguien que sabe vale más que horas frente a un libro.

6. ¿Qué hacer cuando te encuentras frente a un hongo? Nada. Sin pretensión, primero detente. Es probable que tendrás que arrodillarte y cuando estés a su altura activa todos tus sentidos. Olfatéalo, acarícialo, mídelo, pésalo, sonríele, salúdalo como lo haces con un antiguo amigo. Somos de la misma familia filogenética, así que es probable que estés frente a un pariente.

7. Abstente de comer cualquier seta antes de estar seguro de que esta sea comestible. Al igual como no te andas comiendo todos los árboles o arbustos que están en un parque, hay setas que no son alimento humano. El estudio de los hongos hay que tratarlo como un oficio, algo en lo que te vas haciendo perito con la práctica y el pasar los años. Ojalá no morir en el intento.

8. De suma prioridad es esporular. Si recolectas callampas para llevártelas a casa a observarlas mejor, hacer impresión de esporas, secarlas, usarlas para teñir, o comértelas, siempre colócalas en un canasto en donde en tu recorrido devuelta a tu hogar disemines las esporas (tipo semillas) y así ayudas a que no se extingan.

9. A medida que vayas enamorándote del reino fungi fíjate en no desprestigiarlo usando inconscientemente de forma peyorativa frases como: “vale hongo”, “población callampa” o “chupa la callampa”. La justicia es algo que también, y quizás ante todo, debe suceder en el lenguaje.

10. No le temas a los hongos, en esta relación hongo-humano es más probablemente que tú mates al hongo que él a ti. Lo “callampero”, descompuesto, cercano a la muerte, tóxico es sólo un estado en la gran rueda de la vida.

11. A los hongos no les importa saber sus nombre científicos. Cuando te enfrentes a uno obsérvalo en silencio. Muestra respeto por el hongo. Cumple una función esencial en su entorno. Tu también cumples una función en tu entorno. No te olvides de eso.

12. Después de que encuentres una seta y hayas hecho la pausa necesaria, mira a tu alrededor si hay mas hongos, mira los árboles, mira otras cosas. La obsesión por los hongos también puede volverse enceguecedora. Un hongo nunca es un individuo. Lo que ves es la parte visible del hongo. Asume esa limitación. El hongo no es un organismo ajeno a su entorno. No lo trates como tal.

13. Recuerda que son más antiguos y más complejos que tú. Su historia evolutiva y su función biológica en el entorno está probablemente más definida que la tuya. Sus sistemas de comunicación ancestrales con otras especies son profundamente complejos. Tu porte, tu movilidad y tu capacidad de colectarlos no te da autoridad sobre ellos.

14. Toma hongos alucinógenos. Cuando lo hagas hazlo con respeto. No lo mezcles con alcohol ni con otras drogas. Recuerda que su uso es sagrado y medicinal. Nuestra cultura ha olvidado el valor sacro de los hongos, pero no por eso seguiremos empujando los límites de la ignorancia.

15. Escucha, estudia, aprende. Hay maestros, personas que han dedicado su vida a la micología, como Giuliana Furci. Chile es un país de maestros, encuéntralos, venéralos, sé  tú mismo/a.

Un saludos para Nicolás Oyarce y Juan Ferrer, nuestros callamperos fieles.

¡Justicia al Reino!